¿Por qué robó Vincenzo Peruggia La Gioconda?

21 agosto 1911, Museo del Louvre (París).

Leonardo da Vinci, La Gioconda (1503-1505). 77 x 53 cm. Conocida también como La Joconde (francés), Monna Lisa (Monna es el diminutivo de Madonna, señora) o La Gioconda (italiano).

Leonardo. La Gioconda (1503-06).

Leonardo. La Gioconda (1503-05). Imagen: Reuters.

La primera entrada de este blog, ¿Quién se atrevió a robar La Gioconda?, ya trataba sobre el robo en 1911 de la pintura más famosa del mundo, el primero de los muchos robos que nos dejó el siglo XX. Pero, sin embargo, más de un siglo después del que posiblemente es uno de los robos de arte más importantes de la historia, aún hay preguntas que no tienen una respuesta clara: ¿qué motivos tenía un sencillo carpintero para robar la obra maestra de Leonardo?, ¿cómo consiguió llevársela? y, ¿de qué manera escapó del museo parisino?.

Debemos remontarnos a principios del siglo XX, concretamente hasta 1907, cuando una obra de Jean Auguste Dominique Ingres fue acuchillada por una mujer en el Museo del Louvre, en nombre de un grupo anarquista. A causa de este ataque vandálico, los responsables del museo decidieron proteger las obras maestras más destacadas con vitrinas de vidrio en forma de caja, y para ello subcontrataron a una empresa que las construyera y las colocara en el museo. Uno de los carpinteros de esta empresa era Vincenzo Peruggia, nacido en 1881 en Dumenza, en la Lombardía italiana. Aficionado a la pintura y la decoración, emigró a Francia, atraído por el centro de arte mundial que representaba París a principios del siglo XX, pero lo cierto es que no tuvo demasiada suerte…

Los motivos de Peruggia

Ficha policial de la detención de Vincenzo Peruggia (diciembre de 1913).

Fotografía policial de Vincenzo Peruggia (diciembre de 1913).

Se han barajado diferentes hipótesis que podrían explicar por qué el 21 de agosto de 1911 Peruggia decidió robar del Louvre la que hoy es la obra más famosa del mundo. Algunas fuentes se centran en la teoría que un estafador argentino, llamado Eduardo de Valfierno (1850-1931), que se hacía pasar por marqués, fue en realidad el autor intelectual del robo, junto al pintor francés Yves Chaudron, muy hábil con las falsificaciones. Mientras Chaudron elaboraba seis copias de La Gioconda, Valfierno convenció a Peruggia, que había trabajado en el museo, usando argumentos nacionalistas a favor de la vuelta de la obra a Italia, país de Leonardo y el lugar donde la pintó. Una vez la obra ya había desaparecido del Louvre, la noticia corrió como la pólvora. El falso marqués y el falsificador se dedicaron entonces a vender las falsificaciones a pobres ilusos, que se creían en posesión de la gran obra de Leonardo, la sonrisa más misteriosa de la historia del arte.

Antoine Jean Gros, Bonaparte en el puente de Arcole, 17 de noviembre de 1796 (1796).

Antoine Jean Gros, Bonaparte en el puente de Arcole, 17 de noviembre de 1796 (1796).

Sea gracias al supuesto Marqués Valfierno o no, parece ser que Peruggia estaba firmemente convencido que Napoleón Bonaparte y sus tropas habían robado La Gioconda de Italia durante los años que duró su campaña militar en este país, entre 1792 y 1797. Lo único que Peruggia quería conseguir al robar el retrato más famoso de Leonardo era restablecer la obra a su verdadero propietario: Italia, su patria. Es cierto que Napoleón bien podría haberse llevado el cuadro a Francia como botín de guerra, de hecho Derek Fincham (2011) señala que el militar corso fue el primero en establecer la primera división militar conocida destinada a confiscar obras de arte y antigüedades de las colecciones de los países vencidos (1), la Comisión de las Artes y las Ciencias. Al respecto, Noah Charney (2010) afirma que el Armisticio de Módena (1796) sentó un precedente para el pago y la retribución mediante obras de arte que, en los siglos venideros, no haría sino indignar y enfurecer a los pueblos que se rindieran. Asimismo Napoleón dio instrucciones precisas sobre el procedimiento a seguir en la retirada de las piezas artísticas. A los agentes especiales se les ordenaba que recurrieran al ejército para llevárselas, organizar el traslado a Francia y realizar inventarios exhaustivos. Éstos debían presentarse al mando del ejército, así como al agregado civil del gobierno. Debía dejarse constancia escrita de cada confiscación en presencia de algún oficial reconocido por el ejército francés. Para trasladar el botín hasta Francia era perceptivo usar transporte militar, y era el ejército el que debía hacerse cargo del coste de las operaciones. De hecho, esas instrucciones detalladas servían precisamente para enmascarar que Napoleón y sus oficiales las pasaban por alto  (2).

Sin embargo, y en contra de lo que pueda parecer a primera vista, Napoleón no fue el responsable del traslado de la obra a Francia, como creía Peruggia, sino que La Gioconda salió de Italia en 1516, cuando Leonardo se trasladó desde Roma, donde trabajaba para el papa León X, a Francia, aceptando la invitación del rey Francisco I y llevando su obra favorita con él. Allí vivió en el castillo de Cloux (hoy Clos-Lucé), uno de los Castillos del valle del Loira, cerca de la residencia real de verano de Amboise. Después de la muerte de Leonardo, el 2 de mayo de 1519 por causas naturales desconocidas, Francisco I compró el patrimonio del pintor, incluida La Gioconda, al que había sido su asistente, Gian Giacomo Capretti, conocido como Salai, pasando así a formar parte de las colecciones reales francesas. En 1695 la obra fue trasladada al palacio de Versalles de Luis XIV, hasta que unos años después de la caída de la monarquía y de la Revolución Francesa, en 1798, el Gobierno revolucionario seleccionó un conjunto de obras, entre las que se encontraba La Gioconda, con el fin de llevarlas a un nuevo museo público, creado en el antiguo palacio del Louvre, que ya se había inaugurado en 1793.

El cuadro se ha conservado en el museo parisino desde entonces, excepto durante algunos intervalos de tiempo. La primera ausencia de La Gioconda del Louvre se debe -esta vez sí- a Napoleón, quien en 1800 hizo trasladar la obra desde el museo a sus habitaciones privadas, cuando residía en la antigua residencia imperial de las Tullerías, al oeste del Louvre. Con su coronación en 1804, el emperador ordenó que la obra regresara al Louvre. Como afirma Donald Sassoon (2006) ningún rey, ni emperador, ni cabeza de Estado se atrevió jamás a volver a retirarlo para su uso particular. La Mona Lisa pertenecía entonces a los habitantes de Francia. A partir de aquel momento, la historia del cuadro estaría irrevocablemente ligada a la del Louvre (3).

¿Cómo lo hizo Peruggia?

Fueran las que fueran sus motivaciones, el hecho es que trabajar como carpintero en el Louvre dio a Peruggia la oportunidad de hacer realidad su idea. La noche del 20 de agosto de 1911 el ladrón se ocultó en un armario del museo, del que salió a primera hora de la mañana siguiente, 21 de agosto, día de descanso semanal del museo. Caminó entonces hasta el Salón Carré y descolgó La Gioconda. El cuadro estaba colgado de una manera especial, con cuatro clavos de hierro, que hacían que la obra debiera desplazarse  de una manera y en un orden concreto para poder descolgarla. Gracias a unas herramientas que llevaba consigo, pudo retirarla de la pared, escondió la madera bajo su brazo, dentro del abrigo, y se dirigió a una escalera de servicio. Allí aprovechó para desmontar la tabla de su marco y envolverla en una sábana blanca que llevaba. Por la escalera llegó hasta una puerta que llevaba al Cour du Sphinx, desde donde podría llegar fácilmente al Cour Visconti y escapar.

Reconstrucción del robo de La Gioconda © Roger-Viollet. Imagen: parisenimages.fr

Reconstrucción del robo de La Gioconda © Roger-Viollet. Imagen: parisenimages.fr

Mapa de la ruta de Peruggia en el Louvre. Imagen: juanmuro52.wordpress.com

Mapa de la ruta de Peruggia en el Louvre. Imagen: juanmuro52.wordpress.com.

Ya faltaba poco, pero surgió un problema: Peruggia encontró la puerta cerrada con llave, por lo que decidió desmontar la manija de la puerta, pero ni aún así consiguió abrirla. De repente, un guardia que hacía su ronda apareció al pie de las escaleras, al oírlo el ladrón escondió rápidamente la manija de la puerta en el bolsillo y le pidió al guardia que le abriera la puerta. El ladrón vestía como los empleados del Louvre, y el guardia, confiado, le abrió la puerta, sin ver el paquete rectangular envuelto en una tela blanca que Peruggia había dejado en el suelo a su lado, mientras trabajaba en abrir la puerta. Eran las 7,30h. de la mañana del 21 de agosto, cuando Peruggia salió finalmente al Cour du Sphinx y atravesó el Cour Visconti, desde donde salió del museo, por Quai du Louvre. Ya en la calle, se dirigió hacia el Pont du Carrousel, con La Gioconda bajo su brazo: hasta aquel momento hacía más de 100 años que la obra se conservaba en el Louvre (4).

¡¡El Louvre ha perdido La Gioconda!!

Esta era la frase de portada del Excelsior, dos días después del robo. Cuando La Gioconda desapareció, los rumores comenzaron a circular por París: el responsable del robo podía ser un acaudalado coleccionista, un ladrón de arte internacional, un joven obsesionado por la sonrisa misteriosa del retrato… Después de la desaparición de la obra, el director del museo, Théophile Homolle, y el jefe de seguridad fueron despedidos, los guardias sancionados. Pero lo cierto es que la joya del Louvre seguía sin aparecer. Se realizaron algunas detenciones, más motivadas por prejuicios culturales que por pruebas policiales reales, como el arresto del poeta Guillaume Apollinaire, autor del Manifiesto Cubista, y el pintor Pablo Picasso.

Durante casi tres semanas, el irresistible caso apareció en primera plana de los periódicos (…) Le Petit Parisien mencionaba la enigmática sonrisa casi todos los días. Los parisinos mostraron un sentimiento de dolor personal. Acudían en cantidades insólitas para contemplar el espacio vacío e inspeccionar las alcayatas que habían sujetado la Joconde. En el exterior, los vendedores ambulantes hacían su agosto vendiendo postales y reproducciones de la súbitamente famosa Mona Lisa (5).

Más tarde, el Retrato de Baltasar Castiglione de Rafael (1514-1515) ocupó el espacio vacío que había dejado el robo, y el museo adquirió La mujer de la perla (1869) de Camille Corot. En 1913 La Gioconda, que se daba por perdida, ya no formaba parte del catálogo del Louvre.

Nada se supo de la obra ni del ladrón hasta finales de noviembre de 1913, cuando un anticuario florentino, Alfredo Geri, recibió una carta firmada por Leonardo, que no era otro que Vincenzo Peruggia: ofrecía devolver La Gioconda a Italia a cambio de una recompensa de 500.000 libras. El anticuario se puso en contacto con el conservador de los Uffizi, Giovanni Poggi, que le animó a contestar a Leonardo mostrando su interés por la obra. Peruggia viajó entonces en tren con el cuadro, desde París a Florencia, donde se alojó en el hotel Trípoli. El 12 de diciembre de 1913, los dos expertos italianos mantuvieron una reunión con el ladrón, primero en su hotel y después en los Uffizi, donde que pudieron comprobar la autenticidad de la pintura, gracias al número de inventario, los sellos del Louvre y a la comparación detallada de las grietas de la pintura, llamadas craquelures, con unas fotografías del original. Mientras Peruggia volvía al hotel a esperar su recompensa, Geri y Poggi llamaron a la policía, que detuvo inmediatamente al ladrón. Lo más curioso es que durante los dos años en que La Gioconda estuvo desaparecida, se encontraba en realidad no muy lejos del Louvre, en un armario cerca de la cocina del piso de Peruggia. La sentencia que le impuso el juez por el robo fueron sólo 12 meses y medio de cárcel.

La vuelta de la obra al Museo del Louvre © Maurice-Louis Branger/Roger Viollet (parisenimages.fr)

La vuelta de la obra al Museo del Louvre. Paris, 1914 © Maurice-Louis Branger/Roger Viollet (Imagen: parisenimages.fr)

Respecto a la obra, Italia aceptó devolverla al museo del Louvre, pero antes La Gioconda viajó por Italia para ser exhibida en diferentes ciudades: Florencia, Roma y Milán. Ya de nuevo en Francia, el cuadro se exhibió durante unos días en la Escuela de Bellas Artes de París, antes de trasladarlo definitivamente al Louvre, el 4 de enero de 1914. En los años de la II Guerra Mundial, y para ocultarla a los nazis, la obra salió del Louvre para dirigirse a varios lugares franceses, donde se cree que se conservó escondida hasta 1947. Pocos años después, en 1956, el pintor boliviano Ugo Ungaza Villegas lanzó una piedra a La Gioconda, que causó algunos daños en los pigmentos del codo izquierdo del retrato, que afortunadamente pudieron repintarse.

A pesar de la desaprobación de los conservadores del Louvre, la primera gira de Mona Lisa fuera de Europa tuvo como destino Estados Unidos, en 1963: allí viajó en un camarote de primera clase en el transatlántico France, y fue expuesta en la National Gallery de Washington y el Metropolitan de Nueva York. En 1974 la obra se trasladó, en calidad de préstamo, a Japón, esta vez en avión, en una caja especial. Se exhibió en el Museo Nacional de Tokio, tras un cristal protector. Una mujer intentó dañarla con un spray de pintura roja, sin conseguirlo, en protesta por la decisión del museo de no permitir la entrada a los discapacitados físicos para no entorpecer la circulación de los visitantes.

Cuando La Gioconda volvió al Louvre se expuso de manera similar, ya que el cuadro fue reubicado en una urna a prueba de balas: la única obra de arte protegida de ese modo contra vándalos y dementes (6). Actualmente se expone en la Salle des États del Louvre, que ha sido reconstruida para albergar la obra maestra de Leonardo, visitada anualmente por unos seis millones de personas. Un espacio de casi 850 m², bajo una nueva cristalera de luz natural, un techo y un parquet reformados, nueva climatización y una acústica mejorada, ha sido rebautizada “sala de la Gioconda. Monna Lisa, soberana de su nuevo reino, una estructura climatizada cerrada herméticamente e instalada en una sencilla pared a dos tercios de la sala, se enfrenta a otra obra maestra real, situada en el lado opuesto, Las bodas de Caná, de Veronese (1528-1588), el cuadro más grande del Louvre (6,77m x 9,94m). En las paredes laterales de la sala y detrás de la que alberga la Gioconda, se han instalado 50 cuadros del siglo XVI, época dorada de la pintura veneciana (Tiziano, Tintoretto, Veronese, Lorenzo Lotto) (7).

La Gioconda © E. Revault / Louvre

La Gioconda © E. Revault / Louvre (Imagen: France Diplomatie)

NOTAS:

  1. FINCHAM, Derek (2011) Prólogo de CHARNEY, Noah (2011) The thefts of the Mona Lisa. On stealing the world’s most famous painting: 4. USA: Arca Publications, 2011.
  2. CHARNEY, Noah (2010) Los ladrones del Cordero Místico. Los misterios del cuadro más robado de la historia: 111. Barcelona: Editorial Planeta, 2011.
  3. SASSOON, Donald (2006) Leonardo y la Mona Lisa. La historia del mayor enigma del arte: 161. Barcelona: Electa, 2007.
  4. Basado en el relato del robo publicado en CHARNEY, Noah (2011) The thefts of the Mona Lisa. On stealing the world’s most famous painting: 5-7.
  5. Ver nota 3: 215.
  6. Ver nota 3: 268.
  7. CANETTI, Claudine (2009) Emotiva mudanza de la Gioconda, el cuadro más famoso del mundo, en el museo del Louvre. En: France Diplomatie, Cultura, 23 febrero 2009.

MÁS INFORMACIÓN:

Sobre La Gioconda:

  • SASSOON, Donald (2006) Leonardo y la Mona Lisa. La historia del mayor enigma del arte. Barcelona: Electa, 2007. 348 pp.
  • SASSOON, Donald (2001) Mona Lisa. Historia de la pintura más famosa del mundo. Barcelona: Crítica, 2011. Col. Ares y Mares, 1ª edición. 373 pp.

Sobre el robo de La Gioconda:

Los grandes robos de arte¿Quién se atrevió a robar La Gioconda?

 

  • CHARNEY, Noah (2011) The thefts of the Mona Lisa. On stealing the world’s most famous painting. USA: Arca Publications, 2011.
  • GAINZA, María (2004) La dama desaparece. En: Página 12, Radar, 14 de marzo de 2004.
  • MEDEIROS, Joe (2011)  The Missing Piece: The Truth About the Man Who Stole the Mona Lisa [documental].
  • MURO, Juan (2011)  ¡¡¡Han robado la ‘Gioconda’!!!. En: Blog El Dibujante, 17/01/2011.
  • REDACCIÓN (2011) Eduardo de Valfierno: el argentino que vendió 6 veces la “Mona Lisa . En: Clarín, Sociedad, 21/08/2011.
  • SCOTTI, R. A.(2009) El robo de la sonrisa ¿Quién se llevó la Gioconda del Louvre?. Madrid: Turner, 2010. Col. Noema, 1ª edición. 255 pp.
  • Vídeo La Mona Lisa. Los grandes robos de arte (serie Canal Odisea):
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