Entrevista a Héctor Feliciano: “Soy el Robin Hood del arte expoliado”

Recuperó 2.000 obras de arte expoliadas por Hitler

Por: Lluís Amiguet | 9 de diciembre de 2004. La Vanguardia, La Contra.

Entrevista a Héctor Feliciano. Lluís Amiguet, La Vanguardia.

Entrevista a Héctor Feliciano. Lluís Amiguet, La Vanguardia, 9 dic 2004.

Tengo 47 años y nací en San Juan de Puerto Rico, o sea que soy puertorriqueño. He sido corresponsal de The Washington Post y miembro de la Comisión Presidencial de los Bienes Expoliados en el Holocausto. ¿Profesión? ¿Ideología? ¿Religión? ¿Familia?… Ponga que soy periodista. Publico El museo desaparecido (editorial Destino).

Todo empezó cuando cubría una exposición para The Washington Post, como corresponsal en París. Alguien me habló del arte expoliado por los nazis…

¿Y…?

– ¡Un tesoro fabuloso! Al irme a casa no pude olvidarme de aquellos cuadros. Al día siguiente busqué todo lo publicado sobre ellos y apenas encontré un artículo de The New Yorker. Así que me fui a investigar a los Archivos Nacionales de Francia.

Allí encontraría montones de datos.

– Allí sólo había una archivera que me denegó los documentos afirmando que estaban clasificados.

¿Y usted desistió?

– No, porque ella añadió algo que no debe decirse nunca para hacer desistir a un periodista: Jamás podrá consultarlos.

¿Cómo encontró, pues, los datos?

– Decidí recurrir a las fuentes primarias vivientes, es decir, a los ciudadanos expoliados por Hitler, y después documentarme en los propios archivos nazis y en los documentos del ejército americano sobre el expolio.

¿Dónde?

– EnWashington hay 13 millones de folios recopilados sobre el expolio. Una bonita manera de pasar el domingo por la tarde.

Parece divertido.

– A los alemanes, además, les encantaba hacer inventarios y eran impecables. Todo el expolio, perpetrado por 64 expertos a las órdenes de Rosenberg, está documentado.

¿Y encontró sus datos?

– Parte. Hitler, Goering y Rosenberg confiscaron un tercio del arte en manos privadas francesas: 100.000 cuadros, 500.000 muebles y un millón de libros: todas las colecciones en manos judías como las de los Rothschild, la Berheim-Jeune, la David-Weill, la Schloss. París dejó de ser, así, la capital mundial del arte en que se convirtió Nueva York.

¿Cuántas ha localizado usted?

– Apenas 2.000. Y ha sido complejo.

¿Y por qué lo ha hecho?

– Me producía un enorme placer devolver cuadros valiosos hoy en manos de los grandes museos a un ancianito o a sus descendientes expoliados. Era como sacar a la justicia del desván. ¡Soy el Robin Hood del expolio!

¿No conseguía una comisión?

– Nunca. Es más divertido trabajar cuando no te importa cobrar. Es decir, yo sólo cobro los derechos del libro. Justo para vivir.

¿Y cuál es su recuperación favorita?

–En el expolio nazi había Vermeer, Rembrandt, Cézanne, Matisse, Degas… Hitler, Goering y Rosenberg se consideraban amantes del arte. Localicé un Masson en el Reina Sofía, pero mi favorito es un Leger, Dama en rojo y verde, que encontré en el Pompidou tras hablar con su legítimo propietario.

El propio Hitler pintaba… bastante mal.

– Sí y planeó montar un museo con el expolio en Austria. Goering y sus expertos clasificaban las obras requisadas y se quedaban el arte ario o puro y desechaban el arte degenerado, o sea todo lo demás, y aceptaban trueques de arte puro por arte degenerado.

Alguien se aprovechaba, claro.

– Todo un submundo de galeristas y marchantes se lucraron del expolio quedándose los cuadros degenerados. Hoy muchos están en museos que no quieren perderlos.

¿Y qué pasa entonces?

– Yo se lo explico a la familia expoliada y ellos deciden. Desde luego, lo publico todo.

¿Existe jurisprudencia?

– En 1943, los aliados dejaron claro que toda transacción durante la ocupación sería inválida así que ese derecho nos asiste todavía.

¿Investiga usted el expolio de arte español durante la Guerra Civil?

– Tengo documentados casos de expolio de Franco hoy en el Prado, pero no puedo dar más detalles hasta que no los tenga todos.

– No debe de resultar fácil documentarlos.

– Es complejísimo, porque con las obras de arte pasa como con el dinero negro: la primera mano que compra al expoliador o se beneficia del expolio es culpable, pero la segunda lo blanquea, así que es difícil probar ese paso de la primera a la segunda, y si son muchas…

¿Los expoliados querían hablar?

– Muchos pensaban que yo era un cazatesoros y se negaron a hablar conmigo. Otros se negaban a recordar hechos dolorosos y habían renunciado ya a su patrimonio y siempre topaba con el milhojas francés.

¿El qué?

– El milhojas: el silencio francés sobre el vergonzoso episodio de colaboracionismo colectivo durante la ocupación nazi. Decenas de marchantes y galeristas colaboraron con Hitler en el expolio. Denunciaban a los judíos, revelaban escondites de obras y después negociaban para quedárselas.

Veo que hubo Vichy para todos.

– La convivencia francesa estuvo sustentada durante décadas y aun hoy lo está sobre ese pacto de silencio y yo venía a romperlo, porque quería saber la verdad: quién denunció, quién colaboró y quién se quedó con el botín. Yo era molesto para todos.

Era usted un pesado.

– ¡Menos mal que soy puertorriqueño! No ser del todo estadounidense ni del todo europeo me permitía colocarme en tierra de nadie. Era neutral y esa neutralidad evitó muchos recelos. He hecho miles de entrevistas a veces a personas que querían retractarse de lo dicho en la entrevista anterior. No hace mucho me llamó una de mis fuentes para confíárseme… ¡Por fin!

¿A qué esperaba?

– Sus padres le hicieron jurar que mientras ellos vivieran no diría nada sobre el expolio al que habían sido sometidos por ser judíos. Su madre murió y él por fin ha hablado.

Don Eduardo

Feliciano me habla de nuestro Schindler, el diplomático español, Eduardo Propper de Callejón. Era primer secretario de embajada en París cuando Hitler ocupó Francia y comenzó el holocausto. Don Eduardo salvó la vida de muchos judíos franceses, entre ellos el actor Jean Gabin, dándoles visados a España, y evitó el expolio de maravillas como un tríptico de Van Eyck, codiciado por Hitler por su origen germánico, que protegió bajo bandera española. Feliciano reproduce la carta de Serrano Súñer destituyéndolo por “amigo de la judería francesa” y desterrándolo a Larache. “Don Eduardo murió en los setenta sin rehabilitación en el escalafón diplomático. Ésa es, todavía hoy, una gran injusticia sin reparar”. Fue nuestro Schindler español y aún espera a su Spielberg.

Lluís Amiguet | 9 de diciembre de 2004. La Vanguardia, La Contra. Documento en PDF (versión impresa La Vanguardia, pág. 76)

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