¿Quién se atrevió a robar La Gioconda?

21 agosto 1911, Museo del Louvre (París)

Leonardo da Vinci, La Gioconda (1503-1505). 77 x 53 cm.

Leonardo. La Gioconda (1503-06). Musée du Louvre/A. Dequier-M. Bard

Leonardo. La Gioconda (1503-05). Musée du Louvre/A. Dequier-M. Bard

Empezamos la aventura de este blog con el primer gran robo de arte del siglo XX, el robo de la obra más enigmática de Leonardo di ser Piero da Vinci (1452-1519), que bien merece ser el protagonista de nuestro primer post, ya que recientemente se han cumplido 100 años del robo que conmocionó Francia y el mundo. Actualmente la obra se conserva en el Museo del Louvre – el mismo lugar del que fue robada- tras una vitrina encofrada y protegida por un doble vidrio antibalas, incluso hay quien dice que resistiría el impacto de un misil. Pero en 1911 y durante más de 800 días, el museo no tuvo noticias de La Gioconda, que desapareció casi por arte de magia.

Lugar que ocupaba La Gioconda en el Louvre, tras el robo de 1911.

Lugar que ocupaba La Gioconda en el Louvre, tras el robo de 1911. En Corriere della Sera: Furto della Gioconda, cent’anni di mito (8/8/11)

En realidad el hombre que consiguió robar la obra fue Vicenzo Peruggia, carpintero y empleado de mantenimiento del Museo del Louvre. Entró en el edificio el domingo 21 de agosto de 1911, y salió por la mañana del día siguiente con La Gioconda escondida bajo su ropa. La seguridad del museo no se percató de la desaparición de la obra hasta dos días después del robo: el lunes el museo cerraba y curiosamente fue un copista, Louis Béroud, el primero en notar su falta, nada más llegar al Salón Carré la mañana del martes 23. Tras la confusión inicial, el personal del museo comprobó que la obra no se encontrara en los estudios fotográficos ni en los despachos de los expertos, como se creyó en un principio. Los vigilantes y conservadores dieron entonces la alarma y avisaron a la policia: el museo estuvo cerrado una semana para hacer las comprobaciones necesarias. Después se formaron largas colas en la entrada del Louvre para ver el espacio vacío que había dejado la obra.

Leonardo, La Gioconda (detalle)

Las primeras investigaciones se centraron en Picasso y en el poeta Apollinaire – también en Braque, según algunas fuentes. La polícia sospechó de ellos porque formaban parte de las nuevas vanguardias, que criticaban duramente el arte académico imperante en  la época. Picasso fue interrogado; pero peor suerte corrió Apollinaire, que incluso fue encarcelado: en realidad ellos no tuvieron ninguna relación con el robo de La Gioconda. El que sí estuvo relacionado con el robo anterior de unas estatuillas fue el secretario de Apollinaire.

La pregunta es ¿para qué querría un modesto trabajador la obra maestra del Louvre? ¿Para venderla? Imposible, pues la obra más famosa del mundo era invendible en los mercados. El robo fue por encargo, pero en realidad Peruggia robó la obra engañado. Él creía que quien le encargó el robo devolvería La Gioconda a Italia, el lugar donde fue creada: un falso marqués argentino, Eduardo de Valfierno le convenció que, efectivamente, así sería. Lo que no sabía el carpintero italiano era que, tras robar la Gioconda, la tendría en su poder durante dos años, esperando instrucciones del supuesto marqués. Valfierno tenía un cómplice falsificador que, según se cree, produjo seis copias de la obra que vendieron como la auténtica, aprovechando el robo de La Gioconda que ellos mismos habían provocado. Mientras tanto, pasaba el tiempo y el Louvre no tenía noticias del cuadro ni del ladrón.

En 1913 Peruggia fue detenido en Florencia, donde llegó en tren, con La Gioconda en su poder, cuando iba a venderla a un anticuario a cambio de una pequeña cantidad de dinero: fue allí donde le pillaron. Algunas fuentes hablan incluso de la presencia del director de la galería de los Uffizi. Tras su recuperación, la obra fue devuelta a París en enero de 1914, haciendo escala en Roma y Milán (las giras de La Gioconda se repetirán más tarde en 1963 y 1974, con destino a Estados Unidos y Japón, respectivamente). El robo de La Gioconda contribuyó a que la obra fuera conocida mundialmente, a un nivel desconocido hasta entonces, hasta el punto de convertirse en un icono de la cultura, que sigue ofreciéndonos enigmas y misterios.

Marcel Duchamp. Mona Lisa con bigote (1919)

Marcel Duchamp. Mona Lisa con bigote (1919)

 

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